Mi anécdota de superación personal más significativa

¡Hola, hola!

Hoy quiero invitarlos a que hagamos un post colaborativo donde compartamos una anécdota de superación personal que haya sido significativa en nuestras vidas.

Así que, para comenzar esta dinámica, les compartiré el relato de cómo me gané una beca de liderazgo para estudiar la preparatoria en una de las instituciones privadas de educación superior más prestigiosas de México, el Instituto Tecnológico de Monterrey.

Cabe mencionar que este relato lo escribí hace 9 años (qué tiempos aquellos…) y aunque el día de hoy me gustaría ensalzarlo todavía un poco más, creo que es una mejor idea dejarlo tal cual lo escribí en aquél momento para respetar las emociones y sentimientos que me inundaban en ese entonces.

Para mí esta historia en particular ha sido uno de los grandes hitos en el viaje hacia mi mejor versión porque me hizo darme cuenta que lo que podía lograr iba mucho más allá de la concepción que tenía sobre mí misma.

¿Cómo fue que me decidí a escribir esta anécdota a mis 19 años?

Bueno pues fue el resultado de una convocatoria de relatos y fue premiado con el siguiente reconocimiento a la memoria histórica del Tec de Monterrey, Campus Mazatlán:

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A ver qué les parece.

Después de que le echen un ojo, me encantaría poder escuchar una anécdota suya comentarios de esta publicación.


El día que conocí a mi líder interior

A continuación relataré un acontecimiento que marcó mi vida gracias a la oportunidad que me brindó el Tecnológico de Monterrey, Campus Mazatlán.

Todo comienza cuando mi mejor amiga me invita a asistir al campamento Líderes del Sur organizado por dicha institución. En ese entonces, ambas nos encontrábamos en tercero de secundaria y nuestro mayor anhelo era cursar nuestra preparatoria en aquella prestigiosa institución. 

Llegado el día del evento, ambas acudimos a las instalaciones del Tec. En el discurso de bienvenida nos comentaron que darían becas a los líderes más sobresalientes, cosa que yo no sabía…

En ese momento me sentí motivada, fue como una pelea de emociones. Por una parte sabía que tenía que conseguir beca si quería estudiar ahí, pero por otra, estaba consciente de que mi personalidad, penosa e introvertida, no me ayudaría a figurar como una líder. 

El reto era enorme, había doscientos jóvenes que perseguían el mismo objetivo que yo.

Al ver la situación en la que me encontraba, me exigí ser otra y convertir mis debilidades en fortalezas, era hora de que sacara una parte de mí que nunca me había atrevida explorar.

La incertidumbre aumentó cuando al formar los equipos, mi amiga quedó en uno diferente al mío. Me sentía extraña estando con gente que en mi vida había visto. Pero bueno, a pesar de esto, seguía con mi objetivo en mente y paradójicamente, mientras más complicada se volvía la situación, sentía un mayor impulso hacia mi nuevo reto.

No había gran ciencia: sabía que para lograrlo tendría que dejar de lado aquellos aspectos de mi personalidad que posiblemente me impedirían figurar como una líder. 

Ya formados los equipos, hicimos una dinámica para conocer nuestros nombres, lugar de origen y aficiones. Yo escuchaba con atención lo que los demás decían, pues si quería ser una buena líder debía conocer a cada uno muy bien. Al oírlos hablar, dejé de verlos como desconocidos y empecé a sentirme dentro de un círculo de amigos donde todos compartíamos un mismo fin. 

Las dinámicas que siguieron a ésta, aunque eran muy diferentes entre sí, tenían algo en común: que entre todos los miembros del equipo pudiéramos encontrar la solución y conjuntamente resolver el conflicto o reto que llevaba consigo la dinámica. 

Yo sabía que si quería tener una presencia significativa en el grupo, debía primero analizar la situación y presentar las posibles soluciones para resolver el meollo de la dinámica. Afortunadamente, las soluciones que propuse fueron exitosas y logré ganarme la confianza de mi equipo. 

Hubo una dinámica que se me quedó muy gravada por el contenido simbólico que representó para mí. Dicha dinámica consistía en pasar a todos los integrantes del equipo por encima de un listón acomodado a cierta altura. Se me ocurrió colocarme de base para que los miembros del equipo subieran y fuera más fácil pasarlos al otro lado. 

Si yo iba a ser líder, quería ser una líder que en vez de dar órdenes, fuera ella quien tomara la iniciativa e hiciera las cosas. No me importó terminar con la espalda toda manchada de zapatos, al contrario, me enorgulleció que tenía las huellas marcadas de cada uno de los integrantes de mi equipo, la prueba física de que fui útil para lograr el objetivo. 

No he de negarlo, sí sentí un ligero dolor de espalda, pero fue un dolor satisfactorio que representaba lo que estaba dispuesta a hacer por mi equipo. Cuando logramos esa dinámica nos dimos un abrazo grupal que hasta hoy recuerdo.

Me enamoré tanto de ese concepto de líder que yo misma me iba forjando, que hubo un momento que ya dejó de importarme si ganaba o no la beca, sólo quería seguir disfrutando de esa plenitud que sentía como parte de mi equipo. 

Poco a poco, fui entablando conversación con los integrantes del equipo, era increíble ver personas tan diversas y divertidas, puedo afirmar que cada miembro de mi equipo me aportó algo. Aquellos que llegué a ver como extraños ahora eran mis amigos. 

Al día siguiente, nombrarían a los ganadores. Primero nombraron a veinte semifinalistas y se les ordenó que pasaran a un salón cerrado. Cuando me nombraron como semifinalista me sentí enormemente feliz, pero al pasar al salón, el panorama cambió, no pude evitar contagiarme por los nervios de todos y la incertidumbre sobre qué pasaría después. 

Sin embargo, no podría fallar después de todo lo que había logrado. Así que decidí concentrarme, relajarme y ver qué situaciones se podrían avecinar y pensé en la posibilidad de que nos pasaran a hablar frente al público. Pensé en aquellas cosas valiosas que aprendí en el campamento y que me marcaron como persona.

Acto seguido, oigo que me llaman y me pasan al frente de toda esa gente, me dieron un micrófono y me hicieron la siguiente pregunta: “¿Qué es lo que aprendiste en el campamento Líderes del Sur?” ¡Era increíble! Anticiparme al momento me sirvió de ventaja porque me sentí más segura y sabía qué puntos quería comunicarle a todos los que me escuchaban. 

Dentro de mi discurso primero agradecí a los presentes y a mi equipo, después, describí el concepto de líder que había forjado a lo largo del campamento. Un líder que no tiene seguidores, porque más bien ha hecho amigos; un líder que no da órdenes, porque los demás siguen voluntariamente su ejemplo y palabras; un líder que no pide nada a cambio, porque en el dar encuentra todo el sentido…

Después del discurso recibí aplausos. Estaba inmensamente feliz porque pude transmitirle mi mensaje a todo esa gente.

El momento de nombrar a los ganadores se avecinaba. Habían escogido a doce ganadores, seis de preparatoria y seis para estudiar una carrera profesional, a los cuales se les otorgarían becas dependiendo el lugar (60%, 70% y 80%).

Cuando empezaron a nombrar a los ganadores me sentí nerviosa e inquieta y en el momento en que escuché mi nombre… ¡Sentí la emoción más grande mi vida! Y pasé muy orgullosa por mi beca del 70%. 

Las felicitaciones y aplausos de mi equipo me hicieron sentir aún más feliz. No pude evitar que se me salieran las lágrimas. Por primera vez en mi vida lloraba de emoción, y es que no solo era por ganarme una beca en una institución de renombre, sino porque había sido la experiencia más enriquecedora de mi vida: me había atrevido a cambiar los paradigmas sobre mí misma y a descubrir una nueva líder en mí.

Nunca olvidaré aquél día… 

Quiero agradecer y dedicar este relato a todos aquellos que me han brindado su apoyo, porque gracias a  mis padres, maestros, directores y compañeros he logrado ser quien soy, y si a alguien le debo logros como este, es a ustedes. 


¿Qué tal?

Ahorita que lo leo de nuevo al publicarlo en este post me acuerdo perfecto de esa sensación de voltear con los miedos, inseguridades y creencias erróneas que tenía sobre mi misma (como la de que yo jamás podría ser una líder) y a través de mis acciones gritarles a la cara: ¿No qué no, malditos? jaja 😆

El éxito te encontrará cuando te dispongas a convertir tus debilidades en fortalezas. –Mayneza Click To Tweet

¡Ahora te toca a ti!

¿Cuál ha sido una de esas anécdotas de superación personal o historias que consideras que ha contribuido significativamente a tu desarrollo como persona?

Platícame aquí abajo en los comentarios de la publicación.

¡Me encantaría escuchar tu opinión!